Por: Gabriela Monasterio
La vitamina D, es conocida como la “Vitamina Del Sol”, desempeña un papel esencial en el mantenimiento de la salud y su falta no solo afecta al sistema óseo, sino que también se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, obesidad y trastornos inmunológicos.
Según los estudios de la revista científica Nature, la falta en vitamina D contribuye de manera directa o indirecta en la progresión de enfermedades crónicas que no se puede transmitir, por lo que tener niveles de vitamina D dentro de los rangos óptimos, podría ayudar en la prevención de estas enfermedades.
La Doctora, Yamile Sandoval Sánchez, Gerente Médico en Adium Centroamérica y Caribe, comenta: “La vitamina D es un micronutriente que regula múltiples procesos en el cuerpo, como la absorción del calcio, la función inmunológica y la modulación de la inflamación, por lo que su monitoreo debería formar parte de los controles médicos periódicos”.
La vitamina D se sintetiza en la piel tras la exposición a radiación UVB y cumple un papel clave en la salud cardiovascular, gracias a sus efectos antiinflamatorios y vaso protectores; además, contribuye con el control glicémico al actuar sobre las células del páncreas. Sin embargo, el uso de protectores solares aunado a un estilo de vida de largas jornadas de trabajo en interiores.
También la pigmentación de la piel y la contaminación atmosférica, entre otras causas, reducen significativamente su producción a nivel de la piel. Los efectos colaterales de la falta de vitamina D puede causar osteomalacia (huesos blandos), debilidad muscular, dolor óseo, como mayor riesgo de caídas y fracturas.
Además, de enfermedades como cardiovasculares, trastornos autoinmunes y alteraciones del estado de ánimo como la depresión, y lo han documentado su relación con hipertensión, acá algunas recomendaciones para prevenir la falta de vitamina D:
Exposición solar:
Se recomienda exposición solar diaria entre 15 y 30 minutos en horarios de menor radiación antes de las 10 a. m. o después de las 4 p. m.
Alimentación:
Consumir alimentos para obtener vitamina D como por ejemplo: pescados grasos (salmón, atún, jurel, sardinas), yema de huevo, hígado de res, queso.
Suplementación:
Solo bajo supervisión médica en caso de ser necesario
Mantener niveles adecuados para la salud ósea e inmunológica.
Un estudio financiado por el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de EE. UU. (NHLBI, por sus siglas en inglés) demostró que los suplementos de vitamina D podrían retardar el envejecimiento celular al preservar la longitud de los telómeros, un marcador clave del envejecimiento biológico.
Este hallazgo refuerza la importancia de mantener niveles adecuados de esta vitamina no solo para la salud ósea e inmunológica, si no también como una posible estrategia preventiva contra el deterioro celular prematuro. Distintas poblaciones pueden requerir distintas dosis de vitamina D, en el caso de los adultos mayores o aquellos con deficiencia grave, ellos podrían necesitar dosis más altas que las personas jóvenes.
Es importante recordar que se debe consultar con un profesional, para evaluar con precisión los efectos de la suplementación con vitamina D, es fundamental evaluar al paciente según su edad, sexo, niveles de vitamina D, estado de salud. Esto permite comprender mejor cómo responden los diferentes subgrupos a la suplementación.
“No automedicarse y consultar con un profesional de la salud idóneo de manera oportuna, como parte de nuestros controles de rutina, es crucial para identificar la deficiencia de vitamina D y corregirla oportunamente de manera segura y eficaz. La prevención sigue siendo la mejor herramienta para proteger la salud ósea y metabólica en la población adulta”, concluye la Dra. Sandoval.
Es relevante implementar estrategias de salud pública que promuevan hábitos saludables y educación nutricional y generar conciencia sobre su papel en el bienestar general contribuye a que más personas tomen decisiones informadas para cuidar su salud a lo largo de la vida.
