Por: Mishel Cruz
La proteína suele asociarse con atletas, rutinas de gimnasio u objetivos de peso, pero su función en el organismo va mucho más allá. Según la Dra. Krissy Ladner, directora de Desempeño Deportivo y Educación en Nutrición de Herbalife, para los adultos activos la proteína es una base diaria que apoya la fuerza, la energía, la recuperación y el bienestar general.
“El consumo constante de proteína cumple un papel central en el apoyo a un estilo de vida activo, ya sea para quienes entrenan con regularidad, se mantienen activos en el trabajo o simplemente buscan sentirse más fuertes y vitales”. Señala la experta.
Más allá del gimnasio
La proteína proporciona los componentes esenciales que el cuerpo necesita para conservar y reparar el tejido muscular. Cada vez que realizamos alguna actividad física ya sea una caminata ligera o un entrenamiento intenso las fibras musculares se someten a distintos niveles de esfuerzo. Este nutriente favorece la recuperación frente a ese desgaste.
También facilita la adaptación del músculo, ayudando a mantener su masa y funcionalidad. Con el tiempo, este proceso respalda la fuerza, la movilidad y el equilibrio metabólico, aspectos fundamentales para llevar una vida activa en cualquier etapa. Asimismo, la proteína cumple un papel clave en el bienestar metabólico.
El tejido muscular es metabólicamente activo, lo que significa que interviene directamente en la manera en que el organismo aprovecha y transforma la energía. Conservar la masa muscular mediante un consumo adecuado de proteína contribuye a mantener un metabolismo equilibrado y puede apoyar el control del peso a largo plazo, especialmente cuando se acompaña de una alimentación balanceada y actividad física constante.
La importancia de la constancia a lo largo del día
Un error común es pensar que la proteína solo es importante después de entrenamientos intensos o cuando el objetivo es ganar masa muscular. En realidad, el cuerpo obtiene mayores beneficios cuando se consume de manera equilibrada a lo largo del día.
“Por eso, distribuir la ingesta de proteína entre las comidas ayuda a preservar la masa muscular, a apoyar el control del apetito y a sostener niveles de energía más estables. Las comidas con una cantidad adecuada de proteína suelen ser más satisfactorias y pueden ayudar a reducir las caídas de energía que se producen cuando la alimentación depende en exceso de carbohidratos refinados”. Agrega Krissy
Una ingesta adecuada de proteína también ayuda a afrontar mejor las exigencias físicas del día a día. “Combinar proteína con carbohidratos después de la actividad ayuda a reponer las reservas de energía y a apoyar la reparación muscular. Con el tiempo, una adecuada recuperación puede mejorar la adherencia a la práctica de actividad física regular y reducir molestias, haciendo más fácil mantenerse activo”, añade.
Elegir calidad y variedad
Cuando se trata de proteína, tanto la calidad como la variedad marcan la diferencia. Las fuentes de origen animal con bajo contenido de grasa como los cortes magros de carne roja, el pescado, las aves sin piel ni grasa visible, los huevos y los lácteos descremados aportan aminoácidos esenciales en formas de alta biodisponibilidad.
Por su parte, las alternativas vegetales entre ellas las legumbres, los productos derivados de la soya, los frutos secos, las semillas y los cereales integrales no solo suministran proteína, sino también fibra y compuestos vegetales beneficiosos. Integrar diversas fuentes en la alimentación diaria permite cubrir mejor los requerimientos nutricionales y elevar la calidad global de la dieta.
Las rutinas modernas a veces dificultan alcanzar las necesidades de proteína solo a través de las comidas. Mañanas aceleradas, jornadas laborales extensas y patrones de alimentación más controlados en calorías pueden generar brechas en la ingesta. “En estos casos, snacks ricos en proteína, smoothies o batidos pueden contribuir a complementar el consumo de una manera práctica, sin requerir grandes porciones ni un exceso de calorías, especialmente en días en que las comidas se realizan con prisa o se retrasan”, orienta Krissy.
Proteína y envejecimiento
A medida que avanzan los años, el organismo experimenta cambios que influyen en su capacidad para conservar la masa muscular, un proceso que puede iniciarse desde la mediana edad. Esta pérdida progresiva puede repercutir en la fuerza, el equilibrio y la movilidad. Asimismo, mantener un consumo adecuado y constante de proteína favorece la conservación y reparación del tejido muscular.
Esto se convierte en un aliado clave para permanecer activo, fuerte e independiente a lo largo del tiempo. Krissy agrega que conservar la masa muscular magra no es solo una cuestión de desempeño:
“Sostiene las funciones del día a día y actividades simples, como subir escaleras, cargar compras o mantener la estabilidad al caminar, que dependen de la fuerza muscular. La proteína en una cantidad adecuada, combinada con la práctica regular de actividad física, ayuda al cuerpo a adaptarse al estrés físico y a preservar la capacidad funcional a lo largo de la vida”.
