“Ya no pasen por la abarrotería Nueva Ola después de las seis”, advierte doña María Celfa. Algunos vecinos juran haber visto a una adorable nena como de 8 años con su precioso vestido blanco, zapatillas de charol del mismo color, su velo transparente que no deja distinguir su rostro.

También sostenía una vela que llevaba entre sus manitas con guantes de seda blanca, como si viniera de hacer su primera comunión. Otros dicen que pareciera que viene de un velorio o del cementerio, ya que al pasar cerca de las personas produce escalofríos, y sus pisadas no se escuchan.

Es más, como que flotara en el aire, pero a la altura de las personas, y camina sin mover las piernas. No cruza palabras con nadie, se le ve subir y bajar escaleras, alumbrándose con su vela. Algunos dicen que representa la luz tenue que se evapora como la vida y la honestidad.

Varios ya le hablaron, pero no responde, sólo se aleja rápidamente o se le ve en la banqueta opuesta, en los corredores, en los predios vacíos, y los perros no paran de aullar cuando ella pasa cerca. No le tienen miedo, pero la ven con sigilo, la evitan y hasta los canes más bravos se pasan al otro lado de la calle.

Los niños dicen no verla, sólo los adultos y los más ancianos saben cualquier cantidad de historias de la niña. Recomiendan ponerse a rezar u orar dependiendo de su religión, ir a ponerse a cuentas con quien tengan un problema y componer sus vidas.

No vaya a ser que se la topen de frente y ahí sí no hay vuelta atrás. Según dicen, cerca del predio de buses de «La Fe» llama a los más ilusos para ganarles el alma, dejándolos deambular después sin rumbo en la vida. Nadie conoce de dónde viene o a dónde se va.

Pero algunos vecinos dicen que la casona de la tienda fue la morada de una hermosa familia compuesta de padre responsable, madre amorosa y sus dos hijas gemelitas de tez hermosa, grandes ojos negros y un cabello muy liso hasta la cintura.

Pero cierto día, jugando en la pila de piedra, una de las nenas cayó, por más que pidió auxilio nadie la logró escuchar y murió ahogada. Desde ese día la familia se desmoronó: el padre se refugió en la bebida, descuidando su empleo de mecánico de los grandes buses y tráileres que revisaba.

La madre se quedó encerrada en casa y nunca más se le vio salir; la hermanita sobreviviente fue mandada donde los abuelos maternos al interior del país y así pasaron los años en tristeza y desolación hasta que la casa fue quitada por el banco y vendida a don Santos, quien la usó para abrir su tienda.

Aunque esa gran pila fue demolida y la sustituyeron por una bodega, don Santos confiesa que se escuchan gritos de auxilio por las noches. Hasta se oye que abren y cierran la puerta. Por parte de los vecinos, sólo se sabe que empieza su peregrinaje en Ciudad de Plata II.

Luego cruza el monumento a la madre, rodea los multifamiliares y se le ve desaparecer atrás de los campos de las llanuras. Las mamás no dejan salir a los más pequeños después de las seis y mucho menos que anden jugando en la calle de noche, no vaya a ser que la niña se los gane.

Todos se encierran temprano a comer un tamal, tomar café con pan y emponcharse.“Si no hay necesidad, ¿para qué salir de noche?”, dice doña María Celfa. Muchos curas y pastores ya vinieron a orar, echar agua bendita y exorcizar las calles, matorrales y predios vacíos.

Pero nada ha funcionado ya que la niña de Ciudad de Plata sigue saliendo todas las noches a deambular, ganar almas sin querer y a buscar quién la lleve a su casita. Sólo un par de valientes se atrevieron a salir de noche para gritarle que camine en dirección de la 20 calle final, por la zona 3, ya que ahí encontrará el hogar que tanto busca.

Ángel Alvarez

Distrito Guate
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