Muchos creen que El tamborilero es un villancico antiguo, nacido en algún rincón perdido de la Europa medieval, otros que se origino en Latinoamérica, sin embargo, su historia es mucho más reciente y, aun así, profundamente humana, que nace en el año 1941, en Estados Unidos. En esos momentos el mundo estaba marcado por la incertidumbre de la Segunda Guerra Mundial.
En ese contexto, una compositora y maestra de música llamada Katherine Kennicott Davis quién escribió una sencilla canción titulada “Carol of the Drum”. No era tan famosa, ni pretendía crear un himno eterno; solo buscaba transmitir una idea clara: El valor de ofrecer lo poco que uno tiene, cuando se hace con el corazón.
Es importante recalcar que la publicó bajo el pseudónimo de C.R.W. Robertson, aunque si hay que acotar que su origen se inspira en un villancico checo antiguo, es importante mencionar que esta pieza fue popularizada mundialmente por la Familia Trapp y luego por Raphael en español. Ya que en el momento de sus inicios fue publicada pero no tuvo gran impacto.
La canción hablaba de un niño pobre que no posee regalos lujosos para ofrecer al Niño Jesús. No tiene oro, ni incienso, ni mirra. Solo tiene su tambor y decide tocarlo como su regalo. La historia no se centra en la música en sí, sino en el gesto: la dignidad de dar desde la humildad. Durante años, la canción pasó casi desapercibida. Fue publicada, sí, pero no tuvo gran impacto.
Esta parecía destinada al olvido, todo cambió en 1958, cuando Harry Simeone, un director de coro y arreglista, redescubrió la obra. Junto con Henry Onorati, la adaptó, cambió su título a “The Little Drummer Boy” y le dio el estilo coral solemne que hoy reconocemos. Esa versión fue grabada y difundida por la radio… y entonces ocurrió algo inesperado.
La canción tocó una fibra universal
En medio de un mundo que se reconstruía tras la guerra, la historia del niño pobre que ofrece lo único que tiene resonó en millones de personas. No hablaba de riquezas ni de poder, sino de sencillez, bondad y entrega. Desde entonces, El tamborilero se convirtió en uno de los villancicos más interpretados del mundo.
Paradójicamente, una canción que muchos creen ancestral nació en el siglo XX, en un tiempo difícil, escrita por una mujer que nunca imaginó que su obra cruzaría generaciones, idiomas y culturas. Y así, como el niño del relato, El tamborilero ofreció al mundo algo simple… y fue suficiente pára agradar al niño Jesús y celebrarlo.
