Por: Sol Marroquín

El autocuidado se ha convertido en una herramienta fundamental para fortalecer los sistemas de salud y enfrentar el envejecimiento de la población. Un estudio de la Federación Global de Autocuidado (GSCF) señala que esta práctica no solo mejora la calidad de vida de las personas, sino que también genera importantes beneficios económicos y sociales.

Esto produce un potencial que podría aumentar hasta un 50 % hacia 2040. Cabe destacar que la investigación, resalta promover hábitos preventivos y fortalecer la educación en salud contribuiría a reducir la carga sobre los servicios sanitarios. Al tiempo que permitiría avanzar hacia una cobertura universal más sostenible.

En ese contexto, especialistas advierten que uno de los grupos que más atención requiere es el de los cuidadores de personas mayores, quienes suelen concentrar sus esfuerzos en atender a sus familiares mientras relegan su propio bienestar. La Doctora Ana María Ayala, médica geriatra, explica la conexión entre la salud del cuidador y la del paciente.

Según la especialista, cuidar a un adulto mayor implica también garantizar que quien brinda esa atención conserve buenas condiciones físicas y emocionales. Así pues, los expertos señalan que las largas jornadas de cuidado, el estrés constante, el poco descanso y la falta de tiempo provocan que muchos cuidadores pospongan consultas médicas.

También controles preventivos e incluso la aplicación de vacunas. De acuerdo con Ayala, el agotamiento físico y el estrés crónico pueden afectar el funcionamiento normal del sistema inmunológico, reduciendo la capacidad del organismo, lo cual cobra especial  relevancia frente a enfermedades respiratorias como la influenza.

También con el COVID-19 y la enfermedad neumocócica. Aunque los adultos mayores continúan siendo uno de los grupos con mayor riesgo de complicaciones, los cuidadores también están expuestos. Ante este panorama, especialistas destacan la vacunación como una de las principales herramientas de prevención.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera una de las intervenciones de salud pública más efectivas para prevenir enfermedades. Como parte de la campaña mundial de autocuidado, la Federación Global de Autocuidado promueve siete hábitos esenciales para fortalecer la prevención.

Estos son: Mejorar la alfabetización en salud, cuidar el bienestar mental, realizar actividad física, mantener una alimentación saludable, evitar conductas de riesgo, practicar buenos hábitos de higiene y utilizar de manera responsable los productos y servicios de salud. Por lo tanto, especialistas coinciden en que estas acciones no solo reducen el riesgo de enfermedades.

Sino que también fortalecen la capacidad de respuesta de las familias frente a los desafíos asociados con el envejecimiento de la población. En ese sentido, concluyen que cuidar al cuidador es una medida indispensable para garantizar una mejor atención de las personas mayores.

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