Por: Glenda Ayala

Tener una pantalla grande es ideal para ver una serie, jugar o trabajar, pero no tanto cuando hay que llevarla encima todo el día. Los teléfonos plegables buscan resolver ese problema: ofrecer una pantalla amplia que pueda doblarse y guardarse fácilmente en el bolsillo.

Hacerlo cada vez más ligero, sin perder resistencia, batería o rendimiento, es donde comienza el verdadero desafío. El Galaxy Z Fold8 pesa 201 gramos, 52 menos que el Fold5, que alcanzaba los 253 gramos. La reducción ha sido progresiva: el Fold6 bajó a 239 gramos y el Fold7 llegó a 215.

Esto mientras los ingenieros continuaban buscando la manera de hacer más cómodo un dispositivo que despliega una pantalla de gran tamaño. Quitar peso, sin embargo, no consiste simplemente en eliminar material. Un teléfono sigue necesitando espacio para la batería, las cámaras, los circuitos y los componentes encargados de controlar el calor.

En un plegable se suma otro desafío

Esta es la pantalla y la bisagra estos deben soportar las fuerzas que reciben cada vez que el dispositivo se abre y se cierra. Adelgazar la pantalla tampoco podía significar hacerla más frágil. Para soportar su estructura, Samsung incorporó Flex Titanium en los Galaxy Z Fold8 y Z Fold8 Ultra.

Esta es na película de aleación de titanio cuyo grosor es de apenas decenas de micrómetros, aproximadamente un tercio del ancho de un cabello humano. Las estructuras metálicas, algunas de alrededor de 0.2 milímetros, también requieren procesos de fabricación capaces de conservar su forma y precisión pese a ser cada vez más delgadas.

El espacio reducido plantea otro problema que pocas veces pensamos cuando tenemos el teléfono en la mano: el calor necesita algún lugar por donde disiparse. A medida que el dispositivo adelgaza, también disminuye el espacio disponible para hacerlo.

En el Fold8 Ultra, por ejemplo, el volumen de la capa de grafito utilizada para disipar el calor aumentó aproximadamente un 7%. A esto se suma el uso de Clad Metal, un material que combina las propiedades de distintos metales para reducir peso y mantener el rendimiento térmico.

Pero quizá la parte más curiosa del proceso comenzó cuando ya no quedaban grandes cantidades de peso por eliminar. Los ingenieros revisaron alrededor de 270 componentes y más de 180 tipos de piezas auxiliares, desde la pantalla, las cámaras y la bisagra hasta circuitos, antenas, soportes y sujetadores.

La búsqueda llegó a reducciones de apenas 0.001 gramos, la placa de circuito fue rediseñada para aprovechar mejor el espacio, se modificó la antena MFC para reducir superposiciones con otros componentes y se eliminaron alrededor de 15 tipos de piezas auxiliares.

Otras fueron consolidadas cuando era posible. Una milésima de gramo puede parecer insignificante, pero al repetir pequeñas reducciones en cientos de componentes, esas fracciones comienzan a convertirse en gramos completos. El resultado de ocho generaciones muestra cuánto ha cambiado el concepto desde aquel primer Galaxy Fold de 2019.

Este pesaba 276 gramos. La meta ya no consiste únicamente en demostrar que una pantalla puede doblarse, sino en conseguir que llevarla todos los días resulte cada vez más natural. Después de superar los desafíos que implica reducir peso y grosor en un dispositivo plegable.

Es importante resaltar que el objetivo sigue siendo el mismo, es que toda esa ingeniería termine en un teléfono cómodo de llevar, sin renunciar a la cámara, la batería, el rendimiento y las funciones que se esperan de un equipo de gama alta, un dispositivo que luzca elegante, manejable y que de una sensación de exclusividad.

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