Por: Gabriela Monasterio 

Aprender de los errores puede marcar la diferencia entre una idea prometedora y un negocio viable. Para quienes emprenden, probar sus propuestas mediante pequeños experimentos permite identificar fallas, ajustar soluciones y tomar decisiones con mayor información antes de invertir grandes cantidades de tiempo y dinero.

Esto reduciendo así los riesgos en el desarrollo de sus proyectos empresariales, la clave es equivocarse rápido, con bajo costo y con el objetivo de aprender. En lugar de invertir mucho tiempo y dinero en una solución que podría no funcionar, los emprendedores pueden realizar pequeñas pruebas para evaluar sus ideas.

También detectar errores y hacer ajustes antes de asumir mayores riesgos. Así, un error a tiempo puede evitar pérdidas más grandes en el futuro. Hugo Díaz, director de Acton MBA in Entrepreneurship, explica:

“En emprendimiento no buscamos que las personas nunca se equivoquen. Buscamos que aprendan a equivocarse de manera inteligente. Si una hipótesis no funciona, lo importante es descubrirlo rápido, entender por qué y utilizar ese aprendizaje para encontrar una mejor solución”. 

Validar una idea consiste en comprobar aspectos clave de un negocio, como quiénes son los clientes, qué necesitan y cuánto pagarían por una solución. Para ello, se pueden realizar pequeñas pruebas antes de desarrollar un producto o servicio completo.

Hablar con posibles clientes, crear un prototipo o probar una versión inicial permite obtener información real y determinar si la idea necesita ajustes. Esta forma de pensar también permite cambiar la percepción tradicional sobre el fracaso, por ello, un experimento que no obtiene los resultados esperados.

Esto no necesariamente representa una pérdida; puede convertirse en información que evita inversiones mayores en una idea que necesita ser modificada, esta filosofía forma parte del modelo de formación de UFM Acton MBA in Entrepreneurship, la maestría especializada en negocios y emprendimiento de la Universidad Francisco Marroquín.

En este programa, los estudiantes enfrentan situaciones empresariales que los llevan a cuestionar sus ideas, tomar decisiones y extraer lecciones de sus resultados. Como parte del procesos, aplican el método socrático, que permite a los participantes analizar casos, evaluar distintos puntos de vista y argumentar sobre decisiones empresariales.

Esta metodología busca que los estudiantes no solo aprendan conceptos, sino que también desarrollen las habilidades necesarias para aplicarlos en situaciones reales. Además, pueden probar sus ideas, recibir comentarios, reconocer qué aspectos deben mejorar y volver a intentarlo con un enfoque diferente.

“Un emprendedor tiene que estar dispuesto a cambiar de opinión cuando la realidad le demuestra que estaba equivocado. El aprendizaje surge precisamente de esa capacidad de probar, equivocarse, corregir y volver a probar hasta encontrar una solución que realmente genere valor”. Así lo recalca Díaz.

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