Por: Paulo Marroquín
Aunque diciembre es uno de los meses más esperados, también es considerado uno de los más riesgosos para la salud financiera de las familias, ya que la presión social, cultural y emocional alrededor de las celebraciones de fin de año lleva a tomar decisiones impulsivas que terminan convirtiendo un mes festivo en un año completo de deudas.
Durante esta temporada, muchas personas enfrentan dificultades para mantener el control de sus finanzas. Entre los errores más comunes se encuentra el llamado “aguinaldo fantasma”, fenómeno en el que el dinero del bono navideño ya está mentalmente gastado incluso antes de recibirlo. También es frecuente recurrir a las tarjetas de crédito para financiar celebraciones.
A esto se suma la falta de previsión de los gastos inevitables de enero, como matrículas, impuestos o seguros, generando la conocida “cuesta de enero”. Para Josué Arrecis, asesor financiero y Fundador de The Money Company: “Las fiestas no deberían pagarse con la tranquilidad del próximo año. La libertad financiera es el mejor regalo que podemos darle a nuestra familia”.
Basado en esto, Arrecis recomienda para evitar caer en ese ciclo utilizar el método Presupuesto de Suma Cero, apoyado en el sistema de sobres: en el que se establece un monto único y fijo para regalos, cenas y compromisos sociales, y detener el gasto al agotarse ese fondo. Tomando como regla principal mantenerse libre de deudas pagando todo en efectivo.
Adicionalmente, es útil aplicar la Regla de las 72 horas antes de realizar una compra impulsiva, acompañada de la pregunta: “Si compro esto, ¿qué meta financiera estoy sacrificando?”. En cuanto al uso de tarjetas de crédito, no es recomendable si existe deuda de consumo activa, si la compra responde a un impulso o si no se podrá pagar el saldo total al corte.
Su uso solo es apropiado para quienes están completamente libres de deudas y tienen la capacidad y disciplina para pagar el total cada mes, utilizándola únicamente para beneficios complementarios como millas o puntos. La clave no está en gastar más, sino en planificar con conciencia y priorizar la libertad financiera por encima de las apariencias.
