En el marco del Día Internacional de la Defensa del Ecosistema Manglar, conmemorado por iniciativa de la UNESCO, el Instituto Nacional de Bosques (INAB) destaca el papel estratégico que desempeñan los manglares en los litorales de Guatemala. Estos ecosistemas únicos no solo albergan una gran biodiversidad, sino que también son fundamentales para la vida, el desarrollo sostenible y la adaptación al cambio climático.
Los Manglares
Los manglares representan una fuente vital de sustento para las comunidades marino-costeras, ya que proveen alimentos, materiales para la construcción, oportunidades de empleo y una barrera natural contra tormentas e intrusión salina. Además, contribuyen a la conservación de suelos productivos, esenciales para la agricultura y la protección de nuestras costas.
Por otro lado, en Guatemala, los manglares se distribuyen en ocho departamentos: San Marcos, Retalhuleu, Suchitepéquez, Escuintla, Santa Rosa, Jutiapa, Izabal y Petén, con una cobertura estimada de 25,084 hectáreas. Estos ecosistemas no solo actúan como verdaderas “guarderías marinas”, al brindar refugio y protección a numerosas especies durante sus etapas de crecimiento.
Estos también representan un pilar económico para miles de familias guatemaltecas, asimismo, el Instituto promueve la conservación de los manglares a través de los programas de incentivos forestales, que actualmente protegen alrededor del 20% de su cobertura nacional, con una inversión acumulada de Q11,693,735.
A esta labor se suma un trabajo colaborativo con comunidades, organizaciones no gubernamentales, el sector académico, empresas privadas y entidades públicas para restaurar áreas degradadas o deforestadas. Gracias a estos esfuerzos, más de 450 hectáreas de bosque están en proceso de recuperación en distintas regiones del país.
Actualmente se colabora con 52 socios estratégicos en la restauración de más de 2,700 hectáreas en la costa sur del país. Estos esfuerzos abarcan no solo manglares, sino también otros tipos de ecosistemas forestales, como sistemas agroforestales, bosques ribereños, secos, mixtos, latifoliados y de coníferas.
Esta labor integral contribuye a reducir la presión sobre los manglares y fomenta la recuperación de paisajes resilientes frente al cambio climático. César Zacarías, encargado de manglares del INAB comento:
“Reafirmamos nuestro compromiso de proteger, restaurar y valorar los manglares como ecosistemas vivos que nos nutren, nos cuidan y nos conectan con la naturaleza. Porque conservar manglares es conservar vida”.
Mishel Crúz
